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LinceBlob

Documentación

Guía de uso para Windows, Linux y Android.

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Lo básico

Quien envía obtiene un código. Quien recibe lo pega. Con eso ya funciona todo lo demás.

Ese código, que en la aplicación verás llamado ticket, es la llave del contenido. Cualquiera que lo tenga puede descargar lo que hay detrás, así que trátalo como tratarías una contraseña. No caduca por tiempo, pero deja de servir en cuanto quien envía cierra la aplicación.

Enviar

Arrastra el archivo o la carpeta a la ventana de LinceBlob. También puedes pulsar Enviar y buscarlo. Cuando termine de prepararse aparece el código y tres formas de hacerlo llegar al otro lado: copiarlo, enseñar un QR o elegir un dispositivo de tu red.

Mientras dure la transferencia la aplicación tiene que seguir abierta. El archivo sale de tu equipo, no de un servidor, así que si cierras LinceBlob el código deja de valer y quien esté descargando se queda a medias.

Recibir

Pulsa Recibir y pega el código. En el móvil tienes el atajo de la cámara: escanea el QR y se abre LinceBlob con la descarga ya en marcha.

Lo que recibes va a la carpeta que tengas puesta en Ajustes. Si ahí ya hay un archivo con el mismo nombre, LinceBlob se para y te pregunta antes de tocar nada, para que decidas si lo reemplazas, te quedas con los dos o cancelas.

Dispositivos cercanos

Cuando los dos dispositivos están en la misma red, pasarse un código es un rodeo innecesario. Con esto ves el nombre del otro equipo, lo tocas, y a la otra persona le sale un aviso para aceptar o rechazar.

Hay que activarlo en los dos dispositivos, en Ajustes → Seguridad → Visible en la red local. Ahí mismo puedes ponerle al equipo un nombre reconocible, que es el que verán los demás.

Viene desactivado a propósito. Anunciarse significa publicar el nombre de tu dispositivo a cualquiera que esté conectado a esa red, y eso debería ser algo que decides tú, no algo que ocurre solo al entrar en la wifi de un aeropuerto.

Si los dos están visibles y aun así no se encuentran, lo habitual es que sea cosa de la red. Muchas wifis públicas y algunos routers domésticos llevan activado el aislamiento de clientes, que impide que los dispositivos conectados se hablen entre ellos. En ese caso el código de siempre sigue funcionando.

Emparejar acercando los móviles

Para enviarle a alguien que no está en tu red necesitas su identificador, y son sesenta y cuatro caracteres. Con NFC te lo ahorras: en la herramienta NFC pulsas Poner mi identidad y la otra persona acerca su móvil para leerla.

Luego hacedlo al revés, para que tú tengas la suya. Un móvil no puede leer y hacer de etiqueta a la vez, así que va de uno en uno.

Reenvío de conexiones

Sirve para llegar a algo que corre en otro equipo como si estuvieras sentado delante: un panel de administración, un servidor de pruebas, una cámara.

En el equipo donde está el servicio, abre Reenvío de conexiones, indica la dirección y el puerto (por ejemplo 127.0.0.1:8080) y comparte el código que sale. En el otro equipo pega ese código, elige un puerto local y abre http://127.0.0.1: seguido de ese puerto en el navegador.

Se pueden publicar varios servicios a la vez, cada uno con su protocolo. Al lado de cada dirección hay un botón que dice TCP o UDP: casi todo va por TCP; el DNS, los juegos y la voz suelen ir por UDP. El protocolo es parte de lo que autorizas, así que publicar el puerto de una web no abre además su UDP, que sería otro servicio distinto.

En Android la conexión aguanta aunque salgas de la aplicación para abrir el navegador. Mientras está activa verás una notificación permanente: es la que impide que el sistema congele la aplicación y corte la conexión.

Navegar a través de otro equipo

En vez de un servicio suelto, quien publica puede prestar su conexión a internet entera. Quien conecta navega entonces con ella, y las webs que visite verán la dirección IP del que presta, no la suya. Conviene tenerlo presente antes de compartir el código, porque para el resto del mundo quien navega es el que presta la conexión.

Con PRO, la aplicación abre una ventana de navegación que ya sale por ahí y no hay nada que configurar, con su barra de direcciones para ir a donde haga falta. Sin PRO funciona igual, poniendo la dirección del proxy (por defecto 127.0.0.1:9050) en los ajustes de red del navegador que se prefiera: vale tanto como SOCKS5 como HTTP.

El cifrado no se toca por el camino. LinceBlob transporta la conexión pero no la abre, así que el candado del navegador y el certificado de la web se comprueban igual que siempre.

Nombres que apuntan a un sitio

Igual que el fichero hosts del sistema, se le puede dar un nombre a una dirección: escribes intranet.local y sales por donde ese nombre apunte. Funciona tanto navegando por la conexión de otro como con un puerto suyo, y se pueden tener hasta cincuenta.

No es solo comodidad. Al pedir el nombre, el servidor recibe el que espera, y eso es justo lo que necesitan los sitios que alojan varios dominios en la misma dirección: con un puerto reenviado a secas les llega 127.0.0.1 y devuelven el sitio equivocado, o directamente rechazan la visita.

El destino puede quedarse en blanco, y entonces vale lo que publique el otro. Así se le pone nombre a su servicio sin saber en qué dirección lo tiene, que es lo normal cuando publica uno solo.

El nombre vive en tu equipo y no cambia nada en el de nadie más. Tampoco amplía lo que puedes alcanzar: quien publica sigue decidiendo qué se comparte, y un nombre que apunte a otro sitio no pasa de ahí.

Compartir la pantalla

En Streaming, «Compartir una pantalla» enseña lo que hay en tu equipo a quien tenga el ticket. Puedes compartir una pantalla entera, una ventana suelta o solo una parte de cualquiera de las dos: se marca sobre la vista previa, se mueve y se estira por las esquinas, y lo que queda fuera no sale de tu equipo. La parte que se enseña se puede cambiar mientras se comparte, sin cortar nada.

Nadie ve nada hasta que lo autorizas. Tener el ticket no basta: cuando alguien lo pega, aquí sale una pregunta y hasta que no la respondes, al otro lado solo hay una espera. No se puede saber quién llama, así que acepta solo si lo estabas esperando.

Mientras dure, el panel avisa de que se está compartiendo y de si hay alguien mirando. Se pausa con el botón o con Ctrl + Alt + P desde cualquier programa, y en pausa no se captura nada. También puedes ponerle hora de fin —quince minutos, media hora, una o dos— y al acabarse se deja de compartir sola.

Se manda solo lo que cambia de la pantalla, así que con la imagen quieta apenas viaja nada. El propio panel enseña lo que cuesta cada fotograma y cuántos datos se están enviando.

Manejar el otro equipo

Con la licencia PRO, al dar permiso puedes dejar además que muevan el ratón y escriban. Es un interruptor dentro de la misma pregunta, viene apagado, y mientras esté encendido se avisa en el panel con un botón para retirarlo al instante; retirarlo no corta lo que se está viendo.

Desde el móvil, el dedo hace de ratón y el botón «Escribir» saca el teclado del teléfono. Si la pantalla que llega es más ancha que alta, se gira sola para que ocupe todo.

En Linux hace falta una sesión X11. En Wayland ningún programa puede leer la pantalla ni escribir en ella sin pasar por el portal del escritorio, y eso todavía no está hecho: la aplicación lo dice en vez de quedarse en negro.

Ver sin descargar

En Streaming también se comparte un vídeo, un audio o un documento PDF. El fichero no se copia al otro equipo: se va leyendo del tuyo mientras lo ven, así que empieza al momento y se puede adelantar y retroceder como en cualquier reproductor. Un PDF se ve página a página dentro de la aplicación, con zoom y a pantalla completa. Mientras alguien lo esté viendo, la aplicación tiene que seguir abierta aquí.

Quién puede descargarlo

Lo decides tú al compartir, con Permitir la descarga, que viene apagado.

Esto evita que la aplicación ofrezca guardarlo y que otros programas del dispositivo de quien lo ve puedan leerlo. No lo protege de todo: quien ve algo siempre puede grabar su pantalla. Lo que no quieras que nadie conserve, no lo compartas.

Ver en el televisor

Lo que ves por un ticket, si quien lo comparte permite descargarlo, o el vídeo que compartes tú, se puede mandar al televisor con Ver en el televisor. Vale para la mayoría de televisores inteligentes (los que admiten DLNA: Samsung, LG, Sony, Philips, Hisense…) y para Chromecast y los televisores con Google TV. Se buscan solos en la red de casa, y mientras se ve tienes a mano reproducir, pausar, saltar y la barra de posición. Van al día aunque uses el mando del propio televisor.

Si tu red no deja buscar, o el televisor está en otra red, añádelo por su IP: aparece en los ajustes de red del televisor. Las IP añadidas se guardan y se prueban en cada búsqueda.

El televisor pide el vídeo a tu dispositivo por la red local. Para eso, solo mientras se ve, se abre una dirección que únicamente atiende a ese televisor y que se cierra al dejar de verlo. No se convierte el vídeo: el televisor reproduce lo que sepa reproducir, y MP4 lo reproduce casi cualquiera.

Un Fire TV no trae ni DLNA ni Chromecast. Instalando en él una aplicación que haga de receptor, aparece como uno más.

Con el mando de una Android TV

Con LinceBlob instalado en una Android TV, el vídeo se maneja con el mando: OK pausa, izquierda y derecha saltan diez segundos, y las teclas multimedia hacen lo que dicen.

En el navegador

Para enviar y recibir archivos no hace falta instalar nada: LinceBlob en el navegador hace lo mismo desde una página, y se entiende con la aplicación. Un ticket que sale de ahí se abre en LinceBlob, y uno de LinceBlob se abre ahí.

Los archivos se guardan en el almacenamiento privado del navegador para esta web (OPFS), que ninguna otra página puede ver. Arriba de la página se ve cuánto ocupa, y la barra se pone en ámbar y en rojo según se llena. Si recargas la página, te ofrece volver a compartir lo de antes con el mismo ticket.

En el navegador no hay conexión directa: todo va por un relé, cifrado, así que es más lento que la aplicación. Tampoco hay carpetas enteras, pantalla compartida, televisor ni SSH; para eso está la aplicación.

Otro equipo por SSH

En Conexiones SSH se guardan los equipos a los que sueles entrar. Desde ahí se abre un explorador de sus ficheros —subir y bajar en cola, carpetas incluidas, con recuento y permisos— y una terminal dentro de la propia aplicación, con buscador y con el explorador a un clic desde donde estés trabajando.

La clave del servidor se comprueba aquí: si cambia, sale un aviso. Las conexiones guardadas son de la versión PRO.

Confirmar cada descarga

En Ajustes → Seguridad puedes activar Confirmar descargas. A partir de ahí, cada vez que alguien intente descargar algo que compartes te saldrá un aviso para permitirlo o denegarlo.

Es útil cuando el código puede acabar en más manos de las previstas, que pasa más de lo que parece: se reenvía un mensaje, alguien fotografía el QR de una pantalla, se pega en un grupo. Con esto el código por sí solo ya no basta.

Ajustes

Estos son los que más se tocan:

AjustePara qué sirve
Carpeta de descargas Dónde se guarda lo que recibes. Enseña el espacio libre que queda.
Visible en la red local Hace falta para los dispositivos cercanos. Viene apagado.
Confirmar descargas Te pregunta antes de servir cada descarga.
Permitir capturas de pantalla Si lo apagas, el sistema impide fotografiar la ventana.
Actualizaciones automáticas Busca versiones nuevas al arrancar. Solo en escritorio.
Idioma Español, inglés, portugués, francés e italiano.

Atajos de teclado

F1 abre la lista completa. Estos son los que más se usan:

Las herramientas van con Ctrl + Mayús y su inicial: contactos, chat, audio, compresor. Ninguno funciona mientras escribes en un campo.

Avisos y vibración

LinceBlob te avisa cuando termina una transferencia, llega algo o falla, aunque tengas la aplicación de fondo: sale en las notificaciones de Windows o en la barra de Android. En el móvil además vibra.

Con la aplicación delante no salta nada, que para eso ya lo ves en pantalla. Los dos se apagan en Ajustes → Notificaciones.

Si algo falla

Los errores llevan un código, como E-4F2A. El detalle está en Ajustes → Otros, en el informe de errores, con la hora de cada uno.

El informe se copia con un botón y lo mandas tú. No se envía nada solo, y de lo que se guarda se quitan antes las rutas, los enlaces y las claves.

Cuando algo no va

La conexión no llega a establecerse

Lo primero es comprobar que quien envía sigue con la aplicación abierta. Si está abierta y aun así no conecta, puede ser una red muy cerrada, de esas de empresa o de algunas operadoras móviles. Ahí la conexión directa no siempre es posible y se pasa por un relé, que va más lento pero acaba funcionando.

El código dice que no vale

Casi siempre es que del otro lado cerraron la aplicación. Pide uno nuevo.

En Android no encuentro la carpeta que quiero

Android exige un permiso de almacenamiento aparte. Se concede desde Ajustes → Descargas, y el sistema lo pide en su propia pantalla.

Los dispositivos cercanos no aparecen

Repasa que la visibilidad esté activada en los dos dispositivos y que estén en la misma red. Si aun así no se ven, mira lo que se explica más arriba sobre el aislamiento de clientes.

El televisor no aparece

Comprueba que está encendido y en la misma red, y añádelo por su IP: muchas redes de empresa y algunas wifi de invitados no dejan buscar. En Windows, si aparece pero no llega a reproducir, puede que el cortafuegos haya bloqueado la conexión: hay que permitir LinceBlob en las redes privadas.

Si sigues atascado

Abre una incidencia en GitHub. Para que sea más fácil ayudarte, cuenta qué sistema usas, qué versión de LinceBlob tienes y qué estabas haciendo cuando falló.

Desde la propia aplicación hay un atajo: en Solución de problemas escribes qué ha pasado y se abre la incidencia con la versión y el sistema ya rellenados.